El Cuadernito Que Nunca Me Compre

Soy un fallido intento de ejemplo joven, un poco vulgar, y politicamente incorrecta. Digo lo que pienso porque soy asi, me falta la diplomacia pero estoy trabajando en eso. Tengo delirios de poeta y de cambiar el mundo. Soy admiradora de la opinión publica, y la critica intelectual.

Soy Nathalie Stroobants, una estudiante Venezolana que emigro al primer mundo para luego valorar lo que dejo atras.

Bienvenidos a mi cuadernito.

De Nuevos Comienzos y Cabos Olvidados

“Yo pasé toda mi infancia anhelando ser mayor, y ahora me doy cuenta que ser mayor es una mierda.”

 

Volví, y volví para quedarme, creo que yo siempre estuve aquí, o estuve en otro lado, o estuve en dos lugares a la vez. Comencé a vivir con la cabeza llena de disfraces y sueños inconclusos y sin tener una meta, esa soy yo, yo soy la que puede (y quiere) hacer todo en el mundo. Yo soy de las jóvenes locas que piensan que el dinero no importa, que la felicidad es más importante, que la familia siempre va primero, que trabajar no es fundamental, que vivir el día a día es una oportunidad de la vida que debe verse como una bendición, y todos esos clichés de películas gringas. Pues no. Yo, como siempre, estaba totalmente equivocada, y a la vez, tenía toda la razón.

 

“Todo siempre cae en su sitio, y al final todo siempre va a estar bien”. Mentira. No siempre todo cae en su sitio, y la mayoría de las veces nada esta bien, y lo único que nos queda para seguir viviendo en paz con nosotros mismos es repetirnos esa misma frasecita una y otra vez, hasta el momento en que terminamos reduciendo nuestros estándares de lo que es estar bien, y nos olvidamos de la meta a la cual estábamos apuntando mucho antes de convertirnos en individuos mediocres.

 

Existen períodos de confusión que en ocasiones son necesarios para aclarar dudas de relevancia, pero otra cosa es vivir eternamente con la confusión en la vida. Eso es ya ser un confundido nato. Y no es por nada, pero que pena ser un confundido nato.

 

A veces, no sabes que te esta molestando un ruidito que tiene horas atormentándote, hasta que se acaba de repente. Bueno, lo mismo pasa con las situaciones y las relaciones humanas.

 

Yo se que tuve ese ruidito, durante un año, durante 365 días, un ruidito que me estaba convirtiendo en una cobarde y en una impaciente, un ruidito que me hacia querer salir vociferando del sitio donde estaba por que no aguantaba mas, no solo por el odio hacia el sitio, sino también el no poder tolerar más estar conmigo misma sin saber a donde me estaba dirigiendo.

 

Hoy, mi ruidito se acabó, y espero que para siempre, o por lo menos por mucho tiempo. Y por eso hoy me siento bien, hoy veo un futuro, y uno muy arduo, pero me veo con capacidad de llegar a ser alguien quien me brinde orgullo a mi misma, alguien que me deje dormir tranquila y serena (de nuevo yo y mis clichés)

 

Salir de Venezuela a los 17 años para emprender una vida en otro lugar fue la peor y la mejor experiencia que he tenido, y aunque no voy a volver (aún), Venezuela siempre va a estar en mi corazón como mi tierra, pero ya es hora de dejarla ir, es hora de dejarla atrás con mi infancia y mis recuerdos.

 

En Venezuela dejé cabos sueltos, perdí amistades, cree conflictos, comencé a sentir, me olvide de la vida, me recordé de vivir, escribí poesía, me enamore, me perdí en la playa, me quedé sola, y conseguí amigos que siempre estarán ahí para mi, y una encantadora infancia.

 

Y aunque aun me arrepiento de mucho, y a la vez de nada, al final cada cabeza es un mundo, y cada persona sigue su propio rumbo. Todos debemos hacerlo, sino, nos estancamos. Y ahora entiendo que una persona cambia por dos razones: aprendió demasiado, o sufrió lo suficiente. En mi caso, ambas razones.

 

Mi segundo año en Europa me recibe en Maastricht, Holanda, un punto de triple frontera (Bélgica, Holanda, Alemania) donde la Facultad de Derecho Europeo Internacional me espera con hambre de estudio y noches sin dormir, además de recuerdos que sin duda serán inmortales.

 

Me despido de Bélgica, agradecida de lo que aprendí, queriendo un poco más la nacionalidad de mi padre y entiendo mejor lo que significa lidiar con la soledad, la independencia, y el manejo de dinero.

 

 

 

Por cierto, solo tenia ganas de escribir, por que no puedo dormir. 

Maastricht, Holanda 2011

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